PERIÓDICO DE SUCESOS, TRIBUNALES y TRÁFICO DE LAS COMARCAS DEL CAMPO DE CARTAGENA Y DEL MAR MENOR                                                                         booked.net

La carta más 'pagana' de un festero

Con el sonido de un violín y una flauta, empiezo esta carta, y lo sigue los acordes de una guitarra hasta que la canción explota y me hace saltar, me hace saltar el corazón, pues, aunque algunos digan que he tirado de un tópico o un algún que otro 'pffffff' de aburrimiento. ¡Que tire la primera piedra el que nunca haya saltado o berreado con la 'Fiesta pagana' con nuestro pagano traje!

En mis 26 años de vida, y desde que tengo memoria, juraría que ha sido el himno de nuestras fiestas. ¿Cuántas veces hemos entrado en una tropa o legión y la han puesto? ¿Cuántas veces la podemos llegar a escuchar en los 10 días? Da igual, saltarás y cogerás a tu amigo del brazo y daréis vueltas hasta que tu cerveza esté en el suelo. Pero este año, supongo, que tendrá mucho más significado cuando la escuchemos, tendremos una pequeña parte de nuestra alma reprimida, la otra parte nos hará soltar una pequeña sonrisa de añoranza por las vivencias que hemos tenido cada uno en nuestros años festeros, sean más o sean menos. Este año, Mastia, seguirá siendo Mastia, no llegará Asdrúbal con sus tropas de forma pacífica para fundar Qart-Hadast. Este año, Asdrúbal seguirá vivo ¡No morirá a manos de un maldito celta!

Este año, no marcharemos con Aníbal, pues dicen que en Roma tienen a un tal Coronavirus, supongo que es un nuevo cónsul o general que aún no conocemos, tendremos que mandar a nuestros mejores espías para descubrirlo. Este año el Boluda no nos esperará, pero nosotros a él si cuando nos demos un paseo por la dársena de nuestra ciudad como tampoco nos esperará nuestro general para convencernos de su campaña contra Roma. Este año no veremos a Himilce llorar a la Diosa Tanit suplicando su protección y su consuelo, este año las palabras de nuestra querida Rosa Juaneda no sonarán en el Parque Torres, mientras la ciudad llora de fondo. ¡Tampoco se declararán 7 días de festivos después de las bodas de Aníbal e Himilce! Este año, Escipión tampoco podrá reunir a sus generales para trazar su plan para conquistar Qart-hadast y el sonido de los tambores de la armada romana desembarcando será un sonido en nuestro recuerdo. Sobre todo, este año, Sagunto no será destruida, no hará falta luchar hasta el último aliento para defender la ciudad, no habrá que beber una jarra de agua sucia ni habrá que cocer el cuero para darle de comer a los niños. Tampoco tendrán que racionar su comida y muchos menos, los niños no morirán a manos de sus padres antes de caer en manos Carthaginesas. No le rezaremos a nuestros dioses para que nos den la fuerza y el coraje para defender nuestra ciudad frente a las murallas, no nos veremos las caras en el campo de batalla, no lucharemos codo a codo. Este año, tampoco lucirán doradas las coronas murales en la cabeza de Navalis y Quinto Trebelio, sinceramente, quisieran que pudieran lucirlas porque eso significaría que no estaría escribiendo esto, si no, que estaría curando mis heridas con mis hermanos y una cerveza bien fría en la mano.

Tampoco tendremos la ilusión de sacar nuestras tropas y legiones de las naves, no tendremos una cuenta atrás ni veremos el campamento coger forma poco a poco. Tampoco tendremos las noches en el bar de campamento, donde, a eso de las 20:30, podemos encontrarnos a todos en ese mismo sitio. No tendremos esos largos plantones en los ensayos (Nunca pensé que los echaría tanto de menos) ni correremos de un lado a otro ultimando los detalles. Este año el “Kiki” no nos echará la bronca por montar algo mal en el campamento (Porque estoy seguro de que algo habrás hecho mal). ¡Maldita sea la hora en la que este año el balcón del ayuntamiento no abrirá sus puertas dejando salir los lábaros! Llegará el día y nuestro cuerpo estará inquieto, nuestra alma estará deseando que nos pongamos el traje, que ya estaría estirándose durante días en un potro y al que le estaremos arreglando lo que el año pasado rompimos. Estaremos deseando llegar a la plaza del ayuntamiento y ver pasar capas, botas, el sonido del armamento al andar, desempolvar la jarra y llenarla de algo fresco, el ver a la gente que hace tiempo que no ves. Hasta que llega el momento en el que las luces de la plaza son apagadas y ya no cabe ni un alma, llegando casi hasta la bandera, la calle mayor o incluso hasta la plaza Jose María Artes. Porque, si a algo no nos gana ninguna festividad en este país, es a sentimiento. ¿Quién no ha sentido su corazón palpitar desenfrenadamente cuando ha visto llegar el fuego sagrado al Molinete?, ¿quién no ha visto el cortejo pasar y has dicho “¡Ya empezamos!”? ¿Quién no ha deseado escuchar: 'Quedan inauguradas las Fiestas de Carthagineses y Romanos"? ¿A quién no se le encoge el corazón y ha dejado escapar algunas lágrimas cuando el fuego sagrado se apaga?, ¿Quién no ha mirado los fuegos artificiales y ha sentido un vacío en su pecho tras “el pertardazo final”? Creo, que ese sentimiento no lo supera nadie, y es algo que los festeros conocemos bien de cerca, todos tenemos las fiestas en nuestra alma grabada de alguna forma, hemos conocido amistades infinitas dentro de ellas, hemos conocido a esa persona especial, hemos reído y también hemos llorado y nos hemos cabreado. Porque ese sentimiento es recompensado después de todo un año de trabajo invisible y de frustraciones, todo eso es recompensado cuando estás en tu campamento pasándotelo bien, dando vueltas por todo el recinto e invadiendo a tus vecinos.

Creo que en las fiestas de Carthagineses y Romanos conocemos bien el sentimiento de llorar cuando acaban, conocemos bien el sentimiento de ver el campamento desaparecer poco a poco y de la pena que te invade cuando guardas el último tornillo en tu contenedor y lo ves alejarse montado en la grúa. Si en estos 30 años de fiestas hemos aprendido algo, es que las batallas no se ganan si no hay algún sacrificio, y este año, nos ha tocado a nosotros, nos toca sacrificarnos, pero no hay mal que por bien no venga, y alguien preguntará al leer esta línea: ¿Por qué? Bien, la respuesta es sencilla, el año que viene no habrá disputas ni peleas en las reuniones, no habrá malas caras, las arengas de nuestros generales tendrán más fuerza, gritaremos a pleno pulmón en la batalla e incluso nos gustará ver a Escipión en el campo de batalla. Y, sobre todo, no nos dolerá en absoluto montar el campamento. Nos esperaremos todos juntos a que tengamos que abandonar el recinto a las 8:00 de la mañana, y yo creo, que el año que viene tendrán que ir a sacarnos los antidisturbios de allí. Las comidas que en cada madrugada se cuecen en las tropas y legiones tendrán más sabor (En mi particular caso “las peloticas de la Yoli”). El año que viene, nuestro único rival será el tiempo, que pasará volando, tendremos que luchar porque cada noche de fiestas sea eterna, para que el tiempo pare, las fiestas del año que viene valdrán por dos y las resacas durarán un mes completo.

También sé que habrá alguien que lea esto y diga que “Eres un exagerado, solo son unas fiestas”, mi buen lector/a, si has llegado hasta aquí y sigues pensando eso, vuelva a leer desde el tercer párrafo.  

Llegados a este punto:  
¡Ponte en pie!, ¡Alza el puño y ven!, ¡A la fiesta pagan!   

Sin más, un hondero, un festero, un cartagenero.   

Post-data para Escipión: 29-1 ;D.

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