Viernes, Febrero 28, 2020
   
Texto


El poema de la semana

Abrazos de ternura

Es la llamada tranquila, la serena quietud del verde de los campos;

la paz acurrucada en las olas imaginadas de este mar en calma;

el silencio del aire que acaricia el momento,

y la fragancia de la rosa que te regala la palabra amor.

Instantes de ternura bañados de ilusiones,

paseando por veredas abrazados a lo que somos;

dejándonos llevar del impulso guiado por los sueños

en busca de lo que siempre, acaso sin saber, deseamos.

Es la vida el anhelo que espera entre el alba y el ocaso,

el manto de esperanza dejado por la noche,

mientras la Luna susurra dibujando la palabra Paz;

es la verdad que no se entiende, aquella por la que se suspira;

y la mentira que se desdeña con la fuerza del silencio

preso de la cólera hija de la herida.

La ternura que nos llega y nos besa,

y nos deja acariciar el terciopelo de los colores;

la que llama callada tras la lágrima perdida;

la que busca un remanso en el río para dormir,

aquella que enseña a perdonar hablando de ti;

la que nunca marchó, la que siempre esperó

tapada de la rabia y el desconsuelo;

la que llena tus manos de motivos para luchar,

aquella que quiere dejarse abrazar.

 

Umbral de pura emoción

En el balcón del instante presente,

apoyado en balaustradas tintadas de pasados,

vuelan buscando su nido, que yo las veo,

promesas de amor regaladas a una mirada.

A su paso las ternuras se recuerdan

y los besos regresan con sabor a miel;

los abrazos que se dieron se vuelven a sentir,

y aquellos que se perdieron ya dejaron de existir.

Son momentos sin preguntas ni reproches,

momentos para mirar y vivir,

para abrazar a la vida y sentirla tuya y sentirte ella,

para llorar de emoción y compartir esa lágrima;

momentos para cerrar los ojos y tocar el azul

del cielo que me ampara todavía.

Sereno en este balcón del instante presente,

dejo que los aromas a lavandas, sándalos y mimosas,

me lleven, mecido y embrujado,

a descubrir los ocasos que confundido me perdí.

En este balcón de vida

donde la paz se viste de luz

y agita los remansos vestidos de color,

la voz, cansada ya de tanto hablar, calla

y deja al silencio como lienzo de vida,

para que dibuje en él con una mirada perdida,

hija del corazón que ama y se entrega,

una palabra soñada, otra promesa de amor,

otro instante dibujado con sabor a verdad,

en este mágico umbral de pura emoción.

(jpellicer)

 

Melodía inacabada

¿Que quedó de los días con aromas a tierra mojada,
donde las piedras se adornaban de irisados colores
para saludar la alegre y fascinada mirada?
¿Dónde los trinos llevaron su alegría?
¿A qué campos guiaban los caminos
que segados y apacibles soñados de trigales
esperaban otras llegadas?
¿Dónde se esconde la gota de la escarcha,
dejada bajo la Luna en su noche estrellada?
¿Donde el calor de la mañana,
y el silencio crepuscular de las tardes de mayo
perdido entre naranjos y azahares?
¿Dónde todo lo que fue?
¿Dónde buscar el beso que regalé,
o aquél que entre bullicios y promesas
de mis labios sin pudor abandoné?
Dime donde fue quedando lo que fuimos,
por donde ocultando todo lo que soñamos;
donde fue llegando todo el amor
que del corazón fuimos regalando.
La vida que fue,
la soñada, la luchada, la ganada,
aquella que marchó
y que nadie supo decirme si con ella me perdí,
o con ella para siempre quedé
como nota perdida de una triste melodía inacabada.

(jpellicer)

   

El oficio de escribir

(Para Irene Gomis, “escritora” de colores, con todo mi afecto)


Abandonarse y perderse en el mundo de la emoción,

en ese momento presente inventado de ilusión;

dormirse en el mar placentero dejándose mecer de sus olas

que como ellas son recibidas con los ojos cerrados,

y que también saben a sal de una gloria desconocida;

y que se sienten vivas como tu palabra aunque no se oiga;

y que calman y callan todos los males,

y que ponen paz donde la guerra,

alimentando la esperanza del que espera;

el oficio de escribir, el de sentir y el de soñar,

 

el de morir una vez más para volver a despertar.

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