Sábado, Enero 18, 2020
   
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Todo está "ferpecto"

¿Por qué tres y no cuatro urnas?

El presidente Sánchez convocó las elecciones generales para el 28 de abril. Es una fecha como pudiera ser otra. Eso daba la sensación, pero por lo que estoy percibiendo, para muchos no ha sido la más apropiada, pues, por un lado, suspende unas oposiciones sanitarias para ese día con más de cien mil apuntados. Y por otro, aumentan las voces que, pensando en el ahorro, verían mejor que se fusionaran con los tres comicios del 26 de mayo.

Más de cien mil aspirantes repartidos por España en busca de plaza de auxiliar sanitario. De ellos, unos trece mil en la Región de Murcia. Es mucha gente. A algunos no les ha importado retrasar el día de la oposición, pero muchos sí están contrariados, pues rompen su programación de preparación y se prolonga la tensa e ilusionante espera. Es lógico ese malestar. Además, ahora se barajan tres fechas. Una corresponde a julio (San Fermín, para ser concretos) y dos a septiembre, que en el caso cartagenero es cuando más fiestas populares se celebran y también llegan Carthagineses y Romanos.

Y digo yo, ya que el 26A y el 24M están tan cerca, ¿no se podían haber unido? Lo comento desde el punto de vista social, no político. Es decir, no desde la perspectiva de los partidos políticos que todo lo estudian a partir si beneficia o no a sus intereses. Lo digo porque en menos de un mes no creo que muchos cambien de parecer en terrenos diferentes, pues la primera cita es para las elecciones generales y la del 24 de mayo son para elegir a los políticos locales, autonómicos y europeos. Si ese día, en lugar de colocar tres urnas se ponen cuatro, me pregunto: ¿No supondría un importante ahorro de personas citadas para las mesas electorales?, entre otros gastos.

Es mi opinión, pero seguro que estoy equivocado y resulta que todo está 'ferpecto'.

 

'Cartagena Cofrade'

El sentido de la Semana Santa es conmemorar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, siendo su expresión principal sacar a la calle las imágenes que plasman esas escenas. A partir de ahí, es secundario el adorno floral, la belleza de tronos o la música, por poner unos ejemplos. Sin embargo, ese papel de 'actores de reparto' no le quita su importancia, porque la tiene, principalmente para captar espectadores, como en la faceta de proyección turística de muchos desfiles pasionarios.

En ese terreno, también es importante el mundo de la comunicación actual. Una Semana Santa del siglo XXI ya no tiene un gasto de cera como el que tuvo cientos de años atrás, pero sí hay facetas a cuidar, pues estamos en una época en la que además de ser hay que proyectar.

Los elogios hacia los desfiles pasionarios de Cartagena siempre se quedarán cortos, pero su escaparate también debe ser de un interés sin fronteras. Además del esfuerzo que supone sacar las procesiones, es importante cuidar actualmente asuntos como la divulgación, pues como es el lema de este diario 'Lo que no se conoce no existe'.

Estamos en un tiempo en el que la ciudadanía se divide entre usuarios de internet y del papel. En esto último ha sido muy positiva la puesta en marcha de una revista anual por parte de la Junta de Cofradías, pero también sería interesante tener un portal web propio (ahora se cubre con el creado por el Ayuntamiento) con un mantenimiento llevado por profesionales (como periodistas), aunque sea en determinadas épocas del año. No me vale como sustituto las redes sociales, pues el papel de éstas es más doméstico.

En esa página se volcarían los reportajes audiovisuales, básicos en estos tiempos en el mundo de la gran Red. Por ello, me apena muchísimo que el portal 'Cartagena Cofrade' se haya (casi) desactivado. Durante cuatro años ha aportado una riqueza audiovisual impresionante a nuestra Semana Santa, pero resulta que en esta tierra hay demasiados 'saca barrigas' y pocas empresas que realmente apoyen iniciativas pese a disponer de complejos tan impresionistas como el de Escombreras. En su día el Museo de Semana Santa se quedó en un 'quiero y no puedo' por falta de patronos. Ahora, con una inversión mucho menor, tampoco es viable mantener el trabajo de 'Cartagena Cofrade'. Triste, muy triste.

Así lo pienso, aunque lo mismo estoy equivocado y resulta que todo está 'ferpecto'.

 

Jubilarse antes que consumirse

Estos días es comentario en bastantes tertulias el nuevo real decreto que permite a los agentes de la Policía Local la posibilidad de jubilarse a los 59 años de edad si acumula 37 años cotizados. Los debates se centra en el trastorno que va a suponer a las plantillas de los agentes municipales, en si son unos privilegiados y otros enfoques. Un servidor también tiene su particular visión, que no es otra que desear que esa fórmula se expanda para llegar al retiro todavía con fuerzas.

Una persona que lleva 37 años trabajando bien se merece descansar. Es más de la mitad de su vida. Si se jubila con 59 años, tuvo que empezar a currar con 22 años de edad y no ha tenido que dejar de hacerlo en todo este tiempo. Por tanto, pienso que es más que merecido esa jubilación a esa edad.

Y también considero que quizás no está bien enfocado el tema del retiro en nuestro país. Parece que todo pasa por retrasar la edad de jubilación de los que más trabajan para que sigan cotizando. Eso no es humano. Un servidor aboga por fijar la jubilación no en la edad natural sino en la laboral. Me explico (o cuanto menos lo intento): Cuando se hayan cotizado 37 años se podría dejar el trabajo diario, ya se tengan 59, 62 o 67 años. Si se ha trabajado menos, hay que aguantar hasta los 70 años (por poner un ejemplo). Creo que quien ha estado viviendo de ayudas públicas o de sus familiares o amigos no ha tenido el mismo desgaste físico y mental que los que asumen una obligación diaria, que con el paso de los años le ocasiona problemas de salud y de convivencia con sus seres queridos.

Además, esta fórmula creo que también generará otros aspectos positivos. Por un lado, las retiradas de personas con puestos de trabajo facilita que los hereden nuevas generaciones. Por otro, como lo que cuenta es el tiempo cotizado, el trabajo con 'dinero negro' debe sufrir una importante reducción y surgirán más cotizantes.

Todo esto es una mera opinión desde una perspectiva general (tendría casos específicos que precisarían otra norma) sobre un tema que creo que actualmente no está bien planteado, pero lo mismo resulta que estoy equivocado y todo está 'ferpecto'.

   

‘Papel de acero’

Objetivo ‘papel cero’. Así se viene proclamando desde hace un tiempo en las administraciones públicas. La realidad parece otra, pues leemos que el gasto en papel en las oficinas públicas de Andalucía en los últimos tres años ha sido de 204.700 euros. En nuestra Región no se han hecho públicas las cifras de consumo, pero no me extrañaría que el gastos también haya sido importante. 

Lo que parece suceder es que son pocos los que se fían de las seguridad de archivo de los sistemas digitales y en lugar de ‘papel cero’ se opta por tener una copia en digital y otra en papel. Así, lo que se hace es sumar mientras (aparentemente) se resta.

Es cierto que hay casos en los que se ha ido a buscar archivos en DVD y discos duros de hace tres o cuatro años y resultan que dan muchos problemas, siendo más cómodo buscar la carpeta física. Lo que habrá que hacer es buscar fiables acumuladores de información digitales. Así de fácil. Si existen, adelante. De no ser así, el ‘papel cero’ que espere. Sólo faltaría que algún ciudadano resulte perjudicado por un ‘papelico’ o un icono que falta.

Sí me parece que se ha avanzado hacia atrás en algunos aspectos, como las famosas facturas electrónicas. Una cosa es la teoría y otra la práctica. Muchos proveedores tiemblan cuando la tienen que enviar a la administración de turno, pues necesitan personas especializadas para llevar a cabo la operación por internet. Y todo para que al final el resultado sea enviar el dinero a una cuenta bancaria del titular de la factura. Es decir, lo de toda la vida (ambas partes llegan a un acuerdo, lo plasma y después uno envía la factura y otro la paga con una transferencia), pero con mucha parafernalia. Cuando se envía la factura, es la administración la que debe dar a nivel interno el visto bueno al pago, pero todo ese proceso no debe suponer participación del emisor, que ya ha prestado su servicio. Ahora no sucede así. Es el sentir general de muchos empresarios. Así lo tengo entendido, pero lo mismo resulta que estoy equivocado y todo está ‘ferpecto’.

 

Calidad judicial

Para atender una urgencia, no me gustaría que un médico que lleva más de doce horas de trabajo fuese el que atendiese a un ser querido (entre los que me incluyo, pues también me tengo afecto). El motivo es obvio, su frescura mental no sería la misma y el acierto en el diagnóstico tiene mayor riesgo de error. Por la misma regla de tres, tampoco me gustaría que un asunto judicial de familia tuviese que ser resuelto por un juzgado muy sobrecargado que resuelve al 250 por ciento. El motivo es obvio, la calidad en las sentencias podría verse dañada.

El último día del año 2018 se estrenó el segundo juzgado de Familia del Partido Judicial de Cartagena. "Este juzgado lleva un volumen de entradas del 200% y está resolviendo al 250%", dijo el presidente del TSJRM, Miguel Pasqual de Riquelme, esa mañana referente a la que hasta entonces era la única sala de esta especialidad. En este terreno, también mucho de lo que digo se puede aplicar a los juzgados de San Javier, que tienen ese 'honor' de acoger a las salas más sobrecargadas de España.

Los jueces aplican la ley, pero es evidente que son personas y que el factor humano (y su capacidad) afecta a sus resoluciones. Si además, junto a la complejidad de cada asunto, metemos en el cóctel la premura de pronunciarse sobre asuntos urgentes y el afán por reducir unas carpetas que se acumulaban, la calidad en los fallos judiciales no puede ser la misma que si se hace desde la teórica tranquilidad. Reconozco que  a veces parece un callejón sin salida al ser muy complicado que coincidan urgencia con calidad. 

¿Quiénes son al final los perjudicados?, pregunto y me respondo: los ciudadanos. Unas veces por la urgencia (en familia hay cuestiones que no se pueden ni deben demorar) y otras por soltar lastre (archivar con ligereza), el caso es que estoy convencido de que el margen de error ha supuesto perjuicios para unas u otras partes (unas veces por asuntos sentimentales y otras, de índole económico). Como es normal, esas situaciones han alimentado el desencanto hacia el sistema judicial de los que están convencidos (conocemos a algunos) de que no han recibido una justicia como tal.

Faltan instalaciones, faltan jueces, faltan... Unos hacen todo lo que pueden y otros no hace todo lo que podrían. Es la sensación que me da en referencia a las instituciones y a nuestros políticos. La cuestión es que una justicia de calidad es lo que merece el ciudadano de a pie, pero lo mismo  estoy equivocado en todo esto que planteo y resulta que todo está 'ferpecto'.

   

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