Jueves, Marzo 23, 2017
   
Texto

No se puede huir de uno mismo

Decía Honore de Balzac que la mediocridad no se debería imitar, y sinceramente creo que los ataques populistas mediáticos son mediocres hasta doler y una esencia intima del populismo más chabacano, inculto y anodino, un populismo establecido en la radicalizada izquierda por antonomasia, frustrada y anárquica por ruin, que no han superado hoy el fracaso devastador de sus ególatras, tiránicos, autoritarios y dictatoriales poderes en el pasado, radicalismo de izquierdas que asume lo más vil del ser humano y hacen de las redes sociales un anónimo caldo de fracasada venganza, y les siguen, y les copian y se aborregan, a la que se suman algunos semi conservadores neoliberales de pacotilla con aires independentistas, ya sean autonómicos  o locales, y los hay tan chabacanos y ordinarios que hacen daño a la vista, hagan un ejercicio de pensamiento, los que puedan y sepan pensar.

 

No tengo dudas de que esta última sentencia es quizás hasta ofensiva para eruditos, pero no es más que el nexo para describir la herrumbre social y pedagógica a la que nos han volcado los intereses partidistas comerciales políticos y no tan comerciales, quizás gubernamentales, escondidos y agazapados tras la penumbra de la duda incrédula. Hoy, el dominio de las redes hace de situaciones de precariedad social, en claros estadillos de demagogia insustancial, un semanario de acontecimientos de masa dirigidos y estudiados, se puede maniobrar la conducta social de personas sin pasado, sin presente y con futuro interesado, se pueden tergiversar los resultados previstos engañando, decía el general alemán antinazi von Tresckow que para los idiotas las ordenes son leyes, y encima éstos nos intentan convencer, pero se olvidan los dirigentes de la demagogia que, en todas direcciones puede fluir la corriente de la banalidad y así, además de convocar altercados en universidades por quedada general, además de confluir en manifestaciones interesadas, también se pueden descolocar y arruinar pretendidos estrenos cinematográficos y multiplicar por mil las audiencias interesadas como la Santa Misa y otros. ¿De quién es el poder?

 

Los populistas de fortuna creen dominar a las masas, pues es inherente al ego grandilocuente que los suscribe creerse por encima del bien y del mal, pero cuando la sociedad cabal se pone en marcha, es como la marabunta, destroza partidos y envía a los personajillos de farándula al olvido más profundo, eso sí, con los votos, las urnas y la educación y el respeto, algo que en los tambalillos populistas no existe, más que el discurso fácil, grácil e inane, vacío a todas luces, tiene estos mediocres imitadores, y al final la mediocridad es una enfermad que llena de presuntuosa vulgaridad.

 

Hay muchos tontos de capirote en esta Cuaresma que visten de morado y precisamente no son de cofradías pasionarias. Hay abrazafarolas de naranja que vagan sin rumbo y sin palabra. Hay “correpasillos” perdidos de rojo y de carmesí que se apuntan al tren de fortuna, sin ideario y sin horizonte, chaqueteros. Hay penitentes de azul a los que las sombras de la corrupción hacen más vulgares, si cabe. Los empleos precarios, las pensiones sin rentabilidad y estos idiotas debatiendo por el rabo de los perros y facilitando el sometimiento de los puertos y transportes a las pandillas de siempre y, además, amparados por los libertadores de la igualdad, por los de la nueva política, pero con la misma casta mugrienta. Y son felices… “Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra, serlo” Freud. Y yo no veo… No se puede huir de uno mismo, la mezquindad siempre te persigue.

 

Crónica de un engaño

Podría ser el título de una novela aspirante al premio Planeta, o un telefilme dominguero por soporífero, pero es nuestra cruda y penosa realidad, la del PP, la de Murcia, la de la mentira y la conjura, y por extensión, la de todos los que ocúpanos espacios en esta tierra, murcianos en general y Cartageneros en particular. Ésta es la de un presidente marcado por la duda y su involucración en numerosos sumarios, un presidente que se aleja del ideario que cualquiera ratificaría, pero es impuesto por una horda de políticos que han hecho de este trabajo social, de gestión y de servicio al ciudadano su modo de vida y nada barato.

 

Todos tienen sus adeptos, ora por recoger viandas, ora por un saludo escamoteado –los hay-, oro poridiotas, ora por peleles..., y nosotros, espectadores engañados y tristemente sometidos. Decía Calderón en su obra La hija del aire, “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”, y sin querer ya pensaba él hace siglos en esta orgía de despropósitos políticos, en esta bacanal desvergonzada de dignidad, en esta farsa teatral de argumentos y de seriedad.

 

No hay diálogos entre besugos que diría Alberti en la obra retomada de Calderón, la del tonto, ironía y sabiduría. El Gordo y el Flaco tomado de su recurrente obra, solo monólogos entrelazados, a cada uno lo suyo, el pueblo, el votante ensimismado en la creencia de la desesperanza política y algunos en su turbadora por pútrida esperanza deshonesta. Nos han destrozado la dignidad, y la ilusión, ¿y la culpa? …, es la recurrente cascara de plátano, o de los técnicos, aunque algunos con sueldos escandalosos.

 

Es el símil como la actitud de Valcárcel y sus seguidores, desconcertante ante la primera lectura del relato de Alberti, pero perfectamente ordenada y reconocida con el tiempo, lógica, su lógica, en este caso mantener las alfombras tapadas, lo que nos da la sensación de la mierda que puede haber debajo, ¿por qué no levantarlas?, ¿por qué matar políticamente la bayeta y el aspirador?, ¿porque vetar a Garre?  Nos han quitado hasta las ganas de llorar, como en el poema, y sobre todo las de merendar…, ojo, la ironía no proporciona ningún consuelo más allá del momento de expresarla, solo más impotencia, como el pan de ácimo en la Última Cena, al final no significa nada a pesar del protagonismo del cuerpo…, la triste realidad se impone. Como decía Alabarte, y en esta región, “es que a mí me preocupa mucho el silencio y la astronomía, // y la velocidad de un caballo parado, y la inmovilidad de los trenes expresos que predicen la futura muerte del tranvía…, el estancamiento.

 

El Charlot de Alberti, en su segunda irónica genialidad sobre el dos veces tonto, es un vagabundo que recorre el devenir de las épocas, con una bruma de melancolía decorativa, insípida e impotente ante el transcurso del tiempo. Así nos sentimos algunos críticos ante tanta herrumbre política, desfachatez e ignorancia, como el tiempo de Alberti y Charlot en este semi absurdo poema, donde se contrae y dilata el pasado con el presente y el futuro, se apelmazan sin cronología como nuestras sentencias políticas, hoy puestas en tela de juicio más que nunca gracias a fiscales y jueces politizados por designios del Ejecutivo, y esto es un hecho amenazante, con partidos conservadores cono este no necesitamos los postulados venezolanos de Podemos. Da igual, la insurrección de lo prometido es ya una constante en el contexto actual, la mentira es una premisa insalvable. Este PP murciano como en la obra de Alberti es como la confluencia irracional de dos tiempos, uno deseado, que se retuerce y es ligero sin terminar de llegar, prometido y anhelado, y otro pasado y pesado hundiendo los pasos en la arena de la dignidad. Y termino con Buster Keaton que busca por el bosque a su novia, que es una verdadera vaca, otra ironía de la obra de Alberti basada en la de Calderón en la que yo me baso, “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”.

 

La búsqueda de Buster Keaton por el prado, es la perfecta e irónica por triste analogía de la vergüenza en esta región y en este país, la vaca, la dignidad o la sustancia vital que nos da esperanza y nos quebranta con la mentira, una farsa consentida y una mentira grande, enorme donde no caben ya nuestros zapatos, ¿Eres una dulce niña o una verdadera vaca?

 

Mi corazón siempre me dijo que eras una verdadera vaca. // Tu papá, que eras una dulce niña. // Mi corazón, que eras una verdadera vaca. // Una dulce niña. // Una verdadera vaca. // Una niña //Una vaca. // ¿Una niña o una vaca? // O ¿una niña y una vaca? // Yo nunca supe nada. ¿La vergüenza o la niña de Rajoy interpretada estelarmente por Valcárcel y su delfín?

 

Tenebroso centro mío; // Que voy a ser racional, // Ya que hasta aquí bruto he sido. //Ea, vuelve tu a guiarnos. (El villano gracioso, Chato) En cuanto a “yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”, no sé si he de acertar el camino. Contigo la llevas…, Calderón de la Barca, La hija del Aire.

 

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