Jueves, Marzo 23, 2017
   
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De bien nacidos...

Disfrutamos en Cartagena del cementerio más bello de la Comunidad Autónoma. Después de muchos avatares y unos cuantos cementerios, tanto urbanos como extramuros, un grupo de ciudadanos decide ayudar al Ayuntamiento a construir un cementerio. El primer cementerio municipal de la Región. Esto fue en 1866, y dos años después se inauguró el camposanto de Nuestra Señora de los Remedios.

 

Diecisiete años hacía que había nacido en el callejón de Zorrilla “el profundo Isaac” en su corta vida y como es sabido por todos construyó el primer submarino de la Historia que fue botado en 1888 y desguazado apenas dos años después.

 

El 24 de mayo 1895 muere en Berlín tras una operación cerebral, Isaac Peral y Caballero, que fue enterrado en el cementerio de La Almudena de Madrid el día 29, tras haber sido rechazada la idea de ser trasladados sus restos al Panteón de Marinos Ilustres de Cádiz. En 1910 con el apoyo de la familia Peral comienzan las gestiones para traer sus restos mortales a Cartagena.

 

El 29 de abril de 1911 se trasladan los restos mortales de Peral desde el cementerio de la Almudena de Madrid a Cartagena con la intención de ser inhumado en un futuro panteón frente a la base de submarinos. Los restos del insigne marino al final acabaron en tierra en el cementerio de Los Remedios.

 

Al acabar la Gran Guerra, quizás tras la visita del Almirante  Mercader al cementerio para rendir tributo a su amigo, se puso en marcha una cuestación popular para levantar un monumento, sin embargo los tiempos no debieron de ser muy buenos y el proyecto durmió el sueño de los justos.

 

En 12 mayo de 1925 el teniente de navío Ernesto Caballero, agregado de la embajada del Perú, en compañía del Capitán General, deposita una corona de flores en la tumba. Poco después en el mes de mayo y con ocasión del homenaje que se le va a rendir al comandante Villamartín, se acuerda en el Ayuntamiento la construcción de un panteón de cartageneros ilustres, donde reposarían juntos las cenizas de Villamartín, Prefumo, Monroy y Peral.

 

Pero es a finales de mayo de  1926, cuando al mando del comodoro Pentrel, la escuadra alemana atraca en Cartagena, y los germanos “insisten” en rendir tributo ante la tumba de Peral, cuando a toda prisa se adecentó la olvidada sepultura, consiguiendo engañar y ocultar nuestra vergüenza a los germanos, pero no a la conciencia del pueblo con su alcalde Alfonso Torres a la cabeza.

 

Año y medio después, el día de Todos los Santos de 1927, se trasladan los restos de Peral al panteón de cartageneros ilustres con asistencia de sus hijos, autoridades militares y civiles, los Scouts , una representación de marinos argentinos y el capitán general Aznar en representación de La Corona.

 

A partir de ahí se suceden los homenajes de las marinas de todo el mundo ante el definitivo monumento funerario, que se había erigido en un lugar en alto y reservado del Cementerio de Nuestra Señora de los Remedios.

 

Aunque el más recordado de estos homenajes fue el que en julio de 1929 realizó un viejo conocido de Cartagena, el héroe de la Primera Guerra Mundial, el comandante alemán Von Arnauld, quien al mando del U-35 batió el record de barcos y toneladas hundidas hasta la fecha de hoy, y que en esta ocasión atracó en nuestro puerto al mando del crucero Emden.

 

Sin embargo nunca se llegó a continuar con la obra de ese “Panteón de cartageneros ilustres” en el que la memoria de Isaac Peral habita en solitario.

 

Cartagena es una ciudad con un patrimonio ingente en cuanto a edificios y paisaje se refiere, pero también tiene un vasto patrimonio inmaterial al que lejos de renunciar a él, debemos de rescatar; su historia. Y no son los tres mil años de historia conocida, sino las personas que la escribieron las que la hicieron grande. Muchos de ellos son recordados en nuestro callejero, aunque los hay que duermen el sueño de los justos y han quedado en el más absoluto anonimato. Y de eso se trata, de dar aunque solo sea un mínimo reconocimiento a tantos hijos ilustres de esta ciudad en un lugar allí donde su memoria debe seguir viva.

 

DAPHNE propone recuperar la memoria de todos estos grandes hombres y darle a sus nombres que no a sus restos, un justo homenaje en donde descanse su memoria.

 

Para ello proponemos que el mausoleo donde yacen los restos del insigne inventor y marino Isaac Peral sea declarado como panteón de cartageneros ilustres, propósito con el que al parecer fue construido.

 

Se trata de adecentar su pavimento, hoy de tierra y que durante el año se llena de malas hierbas que son limpiadas cada mes de noviembre. Además habría que construir un muro a la espalda del mausoleo de Peral que sirva de soporte para colocar en él lápidas de mármol con el nombre, fechas y una pequeña semblanza de personas que hayan destacado en nuestra historia.

 

Hay personas que están enterradas en otros lugares, hay las que no se sabe dónde están sus restos, pero juntar su recuerdo en el sitio más noble del cementerio de Nuestra Señora de los Remedios debe ser lo mínimo que podemos hacer para agradecer lo que personajes como los que detallo han hecho por Cartagena.

 

Esta lista que sugerimos  ni es completa, ni todos han de estar en este monumento colectivo, quizá un comité de experto deban decidir quienes deban acceder a tal honor.

 

Maestro Álvarez .Compositor de Suspiros de España. Pedro Beltrán, actor. Víctor Beltrí, arquitecto. Antonio Bonmatí, médico en el Cantón. Francisco de Borja y Poyo, marino. Luis Calandre, médico. Carmen Conde, poeta. José Capuz, escultor. Ricardo Codorniu, ingeniero. Conde de Romanones, político. Antonio Escaño, marino y político. Luis Fajardo, militar. Juan Fernández, marino. Fray Pedro Gallego, primer obispo de la actual  diócesis. Francisco García Roldán, soldado fundador Hospital de Caridad. Blanca Roldán, arqueóloga.  Alfonso Torrez, político. Manuel Cárceles, político…

 

Nuestra memoria no se puede enterrar, aunque para ello haga falta ir al cementerio a redescubrirla.

 

 

 

I have a dream: La sierra de San Ginés

Hace poco pudimos comprobar que la reconstrucción de nuestro monasterio de San Ginés de la Jara - la casa del Patrón-   va en serio y a buen ritmo, esta vez parece que sí. Sin embargo desde los responsables de esta reconstrucción se demandaba saber el ¿para qué?


Es cierto que reconstruir un edificio para no darle uso es solo retrasar su ruina, y no hemos llegado hasta aquí para volver a dejarlo caer otra vez.


Naturalmente que a cada persona que se le pregunte, se le ocurrirá una posible utilización. Y posiblemente de eso se trate, de darle todos los usos posibles para volver a hacer del lugar lo que fue y nunca debió de dejar de ser. El centro del terreno que lleva su nombre.


Aunque tenemos que esperar a que el cenobio, junto con el monte Miral, nos desvelen sus secretos y reclamen la importancia histórica que muchos sospechamos que tienen, no quiere decir que podamos desdeñar y cerrar los ojos a lo que esta oportunidad nos brinda.


El monasterio además de poder y tener que ser un centro de interpretación de sí mismo y del monte Miral, con sus explotaciones mineras, ermitas, restos romanos y Cueva Victoria. Puede  ser un destino de Universidades que se encarguen de su excavación, además de poder acoger el culto en su iglesia en momentos muy especiales. Además de ofrecer una oferta hostelera en sus casas de labranza y jardines. Además de ofrecer un marco ideal para la recuperación de la flora autóctona. Además de poder interpretar la etnografía del Campo de Cartagena. Además de otras muchas cosas el Monasterio puede ser el centro neurálgico de la sierra que llevó su nombre hasta que intereses privados decidieron borrar de la faz de la tierra toda huella de nuestro patrón en estos lugares.


Pero empecemos por el nombre. En el "Itinerario descriptivo militar de España" de 1866 en el tomo IV encontramos referencias a la Sierra de San Ginés. Igualmente en el "Diccionario geográfico, estadístico, histórico de Pascual Madóz de 1846, encontramos una descripción de nuestra sierra de San Ginés. Este es el primer paso, volver a dar a estos montes el nombre con que de tiempos inmemoriales eran conocidos y no conformarnos con llamarlo por el uso que tuvieron en un pasado no muy lejano. Que ayuntamientos de Cartagena y La Unión estén de acuerdo en esto y en la idea de la unidad de un todo, es vital.


La antigua sierra de San Ginés, así nombrada hasta la mitad del siglo XIX, se extiende desde Cala Cortina hasta Cabo de Palos, comprendiendo las sierras, Minera de Cartagena, Minera de La Unión, la de Atamaría, Peña del Águila y los montes que van del Cantalar a Cabo de Palos y que cuidan del Septentrión a Calblanque. Nombres que aunque a nosotros si nos dicen cosas, conforme se aleja uno de nuestra tierra se pierden. Por ello la necesidad de resucitar el nombre, y dándole la dimensión que merece, hacerlo de todos los españoles. El patrimonio y la singularidad de ese patrimonio, que encierra esta sierra, la hace única. Solo tenemos que unir todas las piezas del puzle y ponerlo a trabajar, y el sitio donde hacer esto es el Monasterio.


Con este propósito he iniciado en Facebook un recorrido por esta sierra que nace en Cala Cortina y corriendo hacia Levante muere a los pies del faro de Cabo de Palos. En este viaje hacia Levante visitaremos fuertes, castillos y baterías de los siglos XVII al XX, como los de Santa Florentina, San Leandro, Santa Ana, San Isidoro, Trincabotijas alta y baja, el castillo de San Julián, las baterías de Conejos, La Chapa, Cabo Negrete y Cenizas. Pueblos y ciudades como Cartagena, La Unión, Portman, El Llano del Beal, El Estrecho de San Ginés, El Algar, Los Nietos, Los Belones o Cabo de Palos. Ermitas como la del Calvario, Santa Lucía, El Ferriol, El Estrecho, Los Belones, Portmán y las del Monte Miral. El monasterio de San Ginés de la Jara, La Cueva Victoria, minas como la Agrupa Vicenta o Las Matildes, restos romanos como la Huerta del Paturro, la calzada romana de Portman, el Castillico de Playa Honda y algunos más. Parajes naturales como la Peña del Águila o Calblaque y muchas más cosas que se hallan desperdigadas por esta columna vertebral de nuestra Historia.


La página va creciendo poco a poco según vamos avanzando en nuestro itinerario, además de hacerlo con los comentarios e informaciones nuevas que siempre son bien recibidas.


Por todo esto quiero invitaros a visitar “I have a dream: La sierra de San Ginés” y meditar sobre la posibilidad de hacer realidad un sueño. Como primicia me agrada compartir la primera parada de este camino que comienza donde el Apóstol desembarcó en Hispania.


LA BATERIA SAN LEANDRO


Aunque en el siglo XVIII ya estaba artillada con seis piezas, llegando a tener en 1741 hasta trece piezas, no fue hasta finales del XIX cuando adquirió su imagen definitiva cuando fue acasamatada en 1895.
La batería de San Leandro con sus cañoneras casi al nivel del mar, cita 4 metros, cuenta con tres casamatas a prueba de bombas donde se albergaban sendos cañones de hierro de 24 cm que dominaban la entrada al puerto.


El 7 de marzo de 1937, durante la sublevación de Cartagena, cuando el transporte militar Castillo de Olite cargado con tropas nacionalistas pretendía entrar a puerto para desembarcar en Cartagena, desde uno de los tres cañones de 57 mm con que además contaba se le hizo un disparo de advertencia, pero el vapor viró a toda máquina tratando de huir, siendo alcanzado y hundido por los disparos de la batería de La Parajol.


En 1942 fue desartillada quedando guardadas sus piezas en el parque móvil.


El 27 de mayo de 1970 pasa a ser propiedad del Ayuntamiento de Cartagena que desde entonces la ha tenido desatendid.


En 1994 se le presenta un proyecto al propietario, el Ayuntamiento de Cartagena para su restauración y explotación turística, pero fue desestimada.


En noviembre de ese año en el pleno municipal se presenta una moción que fue aprobada por unanimidad para que el Ayuntamiento proponga al Ministerio de Obras Públicas, Turismo y Medio Ambiente, que estudie la recuperación de playa, o la posible instalación de piscinas naturales en la Batería de San Leandro, ya que esta actuación, de poderse llevar a cabo, sería de gran interés económico y turístico para Cartagena.


En efecto se hizo este estudio y se envió a la Dirección de Costas, ya que la iniciativa privada estaba dispuesta a recuperar y acondicionar “Cala Chica” y la batería de San Leandro que desde ella se levanta.
El 4 de marzo de 1999 se debate en la Asamblea regional una moción presentada por el grupo socialista para la elaboración de un convenio para el estudio, conservación, restauración y uso de las fortalezas, torres y castillos de Cartagena, la moción fue rechazada gracias a la mayoría del Partido Popular.


En 2008 debido a la intención de una empresa de hacer un puerto deportivo con más de 600 amarres y su explotación durante 30 años, se planteó la recuperación de la batería a cargo del proyecto, pero el comienzo de la Crisis hizo olvidar estos proyectos.


En la actualidad este BIC se encuentra desde 1970 en estado de abandono total, víctima del vandalismo y lleno de inmundicias.

 

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