Domingo, Diciembre 17, 2017
   
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Vandalismo

El vandalismo se puede definir de muchas formas pero, en general, se acepta que es la “actitud o la inclinación a cometer actos destructivos contra la propiedad pública o ajena sin consideración alguna y con el implícito menosprecio por los demás”. El término proviene precisamente de los comportamientos extremadamente destructivos que mostraban los vándalos en la época del imperio romano y que como concepto, plasma por primera vez Henri Grégorie (1750-1831) para describir el comportamiento del ejército republicano en la Revolución francesa.

Encontramos el vandalismo en distintos sitios y en cualquier escenario, lo mismo en mobiliario urbano, en un aparcamiento, en un estadio de fútbol o incluso, ahora con las nuevas tecnologías, también en la red; de hecho, la famosa Wikipedia ha incluido el concepto de vandalismo como “adición, eliminación o modificación del contenido de una página de Wikipedia realizada de manera deliberada para comprometer la integridad de la misma”.

El vandalismo es mucho más frecuente en el sexo masculino, lo que daría ventaja a las teorías cromosómicas y hormonales; también aparece más en personas jóvenes, dando prioridad a las ambientalistas. Aunque el acto vandálico pueda llevarse a cabo de forma individual, es más frecuente en grupos. Una teoría dinámica explicativa acerca del fenómeno dice que el vándalo se encuentra desarraigado y que en general tiene escasa vinculación paterna, entendida como carencia, generándose un miedo vertiginoso a la soledad que a su vez conlleva al sujeto a agruparse en pandillas; en éstas no es infrecuente encontrar un líder con perfil psicopático (o más acentuado que el de otros integrantes) y sería precisamente la violencia la que actuaría de mecanismo de unión frente a una circunstancia. De esta forma, el grupo buscaría siempre “lo enemigo”, para ellos el objeto “malo”, como diría Melanie Klein (1882-1960), con el fin de mantener tanto su hegemonía como su estructura, siendo éste su verdadero beneficio. En esta unidad mental de la muchedumbre pueden formar parte individuos motivados por diversas razones y sus integrantes no son siempre delincuentes comunes ni tienen por qué siempre pertenecer a estamentos sociales bajos o marginales, aunque tirando de estadística hay que admitir que en éstos sea más frecuente. La agresividad del vándalo, tanto considerada de forma individual o la resultante del grupo, que más que sumarse, se potencia, es una forma de agresión desplazada que no se dirige ya a las fuentes reales de la frustración personal sino a objetivos colectivos que no puedan defenderse y en el que el establecimiento de la culpabilidad realmente no importe como valor moral. Autores como el sociólogo Durkheim (1958-1917) consideraron al vandalismo como una suma de hostilidad, salvajismo y primitividad de la masa.

En el grupo vandálico hay muchos factores de refuerzo y entre ellos; yo destacaría principalmente tres, el anonimato, la masificación del grupo y, tercero, el consumo de alcohol y drogas, factores que lo hacen todavía más “omnipotente”. Precisamente tanto el primero como el segundo, son causan muchas veces de que los vándalos se incluyan dentro de manifestaciones que en principio se anuncien como pacíficas y cuyas reivindicaciones no vayan con ellos o que no les importen realmente, siendo aquéllos los factores atrayentes que hagan despertar la conducta vandálica; además, ésta es más frecuente que se incremente proporcionalmente cuando esos dos factores aumentan. En cuanto al último factor, el del consumo de sustancias,  convierten al vándalo mucho más peligroso tanto por el grado de desinhibición que le produce, sobre todo en lo que respecta al alcohol, como por el estado de enajenación y desconexión con la realidad que le inducen, más frecuente en el caso de los psicotrópicos; baste recordar los actos vandálicos de determinados hinchas de equipos de futbol enloquecidos previamente con ingestas excesivas de cerveza, otras bebidas alcohólicas o algo más...

El comportamiento vandálico puede ir o no, asociado a trastorno mental; son cosas independientes. No todo vándalo es un enfermo. De todos los trastornos mentales, es, sin duda, el trastorno de la personalidad el que se puede encontrar con más frecuencia asociado al fenómeno y más concretamente el Trastorno de la personalidad antisocial, estando por detrás el Trastorno de la personalidad límite (en estos, gran parte de la agresividad es intrapunitiva, encontrando también en ellos más inestabilidad emocional). Como trastornos de personalidad, el curso de los mismos es crónico, pero sí es cierto que hay rasgos que se pueden atenuar con la edad, siendo precisamente la agresividad, también la asociada al vandalismo, uno de los que puedan mitigarse. Hay también otros casos aislados de trastornos mentales asociados a actos vandálicos muy concretos como los producidos por enfermos psicóticos de diversa etiología, personas con discapacidad intelectual, etc.

 

A propósito del crimen de la catana

Aunque de forma cotidiana entendamos por epilepsia como un trastorno en el que el paciente sufre una serie de convulsiones, cae al suelo, se orina y puede ocluir con su lengua las vías respiratorias precisando atención rápida, no siempre tiene que ser así, siendo posible padecer la enfermedad sin mostrar cuadro motor como el citado. La palabra “epilepsia” viene de eclipse, como algo que ocurre de forma sorprendente y que posteriormente vuelve a la normalidad. El conocimiento del fenómeno es antiguo y como curiosidad, comentar que a la crisis epiléptica se le conoce también como crisis comicial precisamente por el hecho de que suspendían los Comicios romanos hasta que el afectado por el mal se recuperara e integrara de nuevo a los mismos.

La epilepsia se caracteriza porque en el cerebro un grupo de células (las neuronas) pierden su actividad bioeléctrica normal de funcionamiento y, a modo de descarga excesiva, se produce lo que se conoce como una hipersincronía, que define íntimamente al trastorno. Esta descarga, más frecuentemente al principio focal, puede extenderse de forma centrífuga también al resto de cerebro, reclutando más neuronas a modo de ola, de forma que si se inicia en la corteza puede llegar más profundamente incluso al centroencéfalo, alterándose así la conciencia vigil (la unidad de encendido de nuestro ordenador). La causa, la etiología de la descarga, puede ser diversa, un tumor, un traumatismo, lesiones congénitas, arterioesclerosis, infecciones, etc., y otras veces no la encontramos, hablándose en este caso de epilepsia idiopática.

A grosso modo, en el cerebro se distingue la corteza y la zona subcortical y como sabemos cada zona del cerebro está especializada a su vez en una función, pues bien, dependiendo de dónde esté el foco epiléptico encontraremos una u otra sintomatología; así, si ocurre en zona motora habrá convulsiones, si la afectada es la zona sensorial se afectará la percepción y si se trata del lóbulo temporal, que es, con diferencia, el más complejo de todo el cerebro humano, habrá una clínica y un comportamiento complejo, no muy fácil de entender y explicar.
La epilepsia del lóbulo temporal siempre ha sido de gran interés clínico y forense. El neurólogo Oliver Sacks (1933-2015) llevó también su apasionante experiencia profesional sobre el tema al mundo de la literatura. La manifestación del cuadro puede ser diversa abarcando así un abanico que va desde convulsiones hasta sintomatología psicótica, de delirios y alucinaciones; baste recordar curiosamente que en el lóbulo temporal hay un surco anatómico, el surco transverso, donde pasan radiaciones auditivas, gustativas, olfativas y otras vinculadas a la visión, pudiendo pues encontrar alucinaciones de distinto tipo.

Precisamente, estos días pasados la epilepsia de lóbulo temporal ha estado de actualidad a raíz de rememorarse diecisiete años del conocido Crimen de la Catana y emitirse al respecto un programa en el canal televisivo DMax. En aquel juicio, el prestigioso forense profesor José Antonio García Andrade (1928-2013) y mi maestro el eminente catedrático de psiquiatría Demetrio Barcia Salorio, defendieron siempre la hipótesis de que ése era el trastorno que afectaba a José Rabadán, siendo por tanto la causa de los atroces hechos.

En la epilepsia del lóbulo temporal, además de las posibles citadas convulsiones y psicosis, es frecuente encontrar alteración del estado de la conciencia o una ligera disminución del nivel de la misma que se conoce como estado crepuscular, que viene de “crepúsculo”, haciendo así alusión a algo intermedio, como la falta de la claridad del día con ausencia de la oscuridad de la noche. En ese estado crepuscular, que de forma documentada sabemos a veces puede durar incluso días, no hay un control total en la función de pensar de forma voluntaria, apareciendo entre otros una liberación de conductas impulsivas e instintivas, dando paso a actos de agresión inmotivada muy cargados de hostilidad, siendo muy típicos los actos de reiteración y repetitividad (donde dan un golpe dan otro), imprimiendo un carácter automático, muy distinto a lo que pasa en caso de ensañamiento; eso mostraron las autopsias de los cuerpos.

Aunque incluso para algunos profesionales pudiera ser una hipótesis de ciencia ficción, nada más lejos de la realidad. El paso de los años ha demostrado que Rabadán es una persona de apariencia y conducta normales y que durante los años de condena, supervisados por profesionales expertos, nunca se observaron síntomas que pudieran configurar otros trastornos mentales o rasgos de personalidad que apuntasen a otros diagnósticos que pudieran justificar así el triple parricidio.

 

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