La estafa represiva

Escrito por Cayetano Tano Moltó. Concejal de Izquieda Unida-Verdes en Cartagena.

A estas alturas pocos pueden dudar de que el conjunto de la sociedad española ha sido objeto de un engaño masivo electoral, de una estafa democrática premeditadamente planificada y de un fraude político. Las hemerotecas son el mejor recurso de demostración de lo afirmado.

La última entrega, elecciones catalanas por medio, ha sido la revalorización de las pensiones que incumpliendo todo lo dicho y hecho, ley y Constitución por delante, se rinde ante el pacto vergonzoso de PP y PSOE para la modificación de la Constitución, declarando prioritario el pago de la deuda. La indignación, la rabia, la sana conducta de rebelarse contra lo injusto se topa con la soldadesca represiva, especialmente entrenada para ello. Reprimen y bien y no solo con la porra, la pelota o el bote. También con la multa injusta y discriminatoria.

En Cartagena algunos empezamos a saber de esto. La Policía Local actúa discriminatoriamente contra quien escribe. Pero no importa, no nos van a parar ni en la protesta ni en la represión. Son infinitamente pequeños en sus miserias frente a la grandeza de nuestros objetivos, que no son otros que democracia plena, empleo para todos, servicios públicos de calidad y políticas de solidaridad. Lo vamos a conseguir. Es cuestión de tiempo.

En dos años y medio, elecciones municipales que tienen que ver al PP pagando culpas y dejando paso a una nueva etapa política que le dé la vuelta a lo existente. Un presupuesto para dar servicios y empleo a la sociedad. Una Casa de cristal que llame a la ciudadanía a participar. Derechos a comer, a resguardarse, a sanarse, a aprender, a cuidar del necesitado, a ayudar al desfavorecido.

En suma a hacer amable el entorno social, político y económico. Y a educar en derechos a quienes tienen la obligación de hacer cumplir las ordenanzas y leyes, debiendo aprender en primera instancia que las prerrogativas de agente de la autoridad lo son no para amparar intenciones tiranas y discriminatorias, sino para garantizar precisamente los derechos de los ciudadanos que de vez en cuando pisotean.

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