Recordando la figura de San Juan Evangelista

Escrito por Rogelio Abad Martínez. Cronista oficial de la Real e Ilustre Cofradía de NP Jesús Resucitado. Jueves, 27 de diciembre de 2012.

En todo el ámbito de nuestra Semana Santa Internacional es honrada la imagen de San Juan Evangelista bajo diversos aspectos. A la Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Resucitado le corresponde hacerlo en el ámbito de la juventud así como suena, en primer lugar porque se incorporó a la Cofradía más joven de nuestra Trimilenaria en el año 1983 y en el segundo lugar que la gubia del escultor Antonio García Mengual lo concibió mas joven, pues da la sensación de que tuvo el presentimiento que su destino final sería una Agrupación Joven con ganas de trabajar en el seno de una Cofradía Joven también. Permítaseme la licencia de decir que este día 27 de diciembre es un pequeño paréntesis en El acontecimiento que es la razón de ser de estos días ¡Dios ha nacido, Aleluya! a cargo de nuestras queridas cofradías semana santeras.

Pero una vez hecha la introducción es conveniente dar unas pinceladas sobre el Discípulo Amado, también llamado 'El Divino', que ha sido considerado como tal dentro del aspecto teológico.

Hacia el año 130, San Papías, el famoso obispo de Hierápolis, diócesis de Frigia. Uno de los discípulos inmediatos del Evangelista, en un texto que nos ha sido transmitido por el primer historiador eclesiástico Eusebio de Cesárea, nos habla con profunda veneración de su Maestro fallecido pocos años antes, a quien llama 'Juan el Anciano discípulo del Señor'.

Por varias fuentes sabemos que la vitalidad de la comunidad cristiana de Éfeso, regida un tiempo por San Pablo, y después por San Juan. Lo que no es extraño que bajo el báculo de Juan fuera la metrópoli de la provincia mas activa, de ahí que se agigantara su figura teniendo en cuenta que era el único superviviente del Colegio Apostólico y el único representante del grupo intimo que había recibido las confidencias del Salvador. De ahí que todas las miradas se dirigieran sobre el Discípulo Predilecto, ya que habían desaparecido todos los testigos de la palabra oyentes de Jesús, quedaba allí Juan que había visto al Maestro con sus ojos, le había tocado con sus manos y lo que es mas había recogido las ultimas palabras de su vida mortal.

Tertuliano, el gran apologista que vivió en los siglos II y III, quien cuenta que San Juan sufrió en Roma la terrible prueba del aceite hirviente. La tradición señala como el hecho en la Puerta Latina, o mejor dicho, el espacio que ocupó más tarde el dicho portazgo romano: un campo de las afueras de la ciudad, al principio de la vía que atravesaba el Lacio.

La escena de lo que sigue se puede imaginar perfectamente, el anciano ha sido echado con las manos atadas a una caldera de aceite hirviendo y chisporrotea; los verdugos atizan el fuego y contemplan llenos de asombro, reza el Mártir con los ojos fijos en el Cielo, viéndosele intacto sereno y alegre, a pesar de las continuas cargas de leña para avivar el fuego. Tertuliano narra este evento con emoción, añadiendo que el Evangelista incólume del perverso baño, fue relegado a una isla por orden imperial.

Consta históricamente que fue a la isla de Patmos, una de las Espóradas, en el mar Egeo, una tierra árida agreste y volcánica; será donde allí tendría las visiones del Apocalipsis permaneciendo largos meses hasta la muerte del emperador Domiciano, para regresar a su querida ciudad de Éfeso al amparo de una amnistía general decretada por su sucesor Nerva.

La tradición en este caso ha sido la encargada de transmitirnos un hermoso anecdotario de la última vejez del apóstol. Un verdadero entusiasta de la pureza de la fe, nunca se recató de manifestar públicamente su más absoluta repugnancia contra las primeras herejías que en la Iglesia aparecieron.

Era de un talante y espíritu amabilísimo y sencillo, bajo mi opinión personal pudiera tratarse del predecesor del espíritu franciscano, le gustaba descansar entreteniéndose con una tortolilla amaestrada que poseía.

Para finalizar he decir que estaba dotado del don de una palabra suave, puesto su pensamiento constantemente en Jesús, en el periodo último de su vida se redujo su predicación a una incesante exhortación a la caridad fraterna.

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