PERIÓDICO DE SUCESOS, TRIBUNALES y TRÁFICO DE LAS COMARCAS DEL CAMPO DE CARTAGENA Y DEL MAR MENOR                                                                         booked.net

‘No se destruye, se transforma’

El vandalismo cada vez está más de moda entre un sector de los jóvenes, enriqueciendo una irresponsabilidad que bien ha ‘lucido’ en la pandemia. ¿Estamos obligados a aguantarlo? ¿Se puede hacer algo que no sea teorizar? Difícil poner freno. ¿Imposible? Son los gobernantes los que cobran por encontrar soluciones. Lo que está claro es que estos ‘ejemplares’ son fruto del fracaso del mucho dinero invertido durante años en labores pedagógicas y que los constantes mensajes que se envían ahora por redes sociales y medios de comunicación no les llegan.  

La Policía Local actúa contra el ‘botelleo’ en Las Dunas de Cabo de Palos. El resultado es que entonces se propaga por todo el costero pueblo. Más o menos, ha sucedido lo mismo que ocurrió en los últimos años de la primera década del siglo XXI. La Policía Nacional actuó de forma contundente contra la droga de Lo Campano (donde se había enraizado tras un tiempo atrás ser trasladada por las autoridades la actividad de ‘la plaza del Lago’) y entonces los ‘narcotraficantes’ se extendieron por otros barrios y pueblos. “La material ni se crea ni se destruye, sólo se transforma”, que dijo Lavoisier en el 18 de los siglos de nuestra era. En el problema que ahora se da, ¿qué se puede hacer?. ¿Se crean botellódromos alejados de los hogares? Difícil, pues beber alcohol en la calle está prohibido y, técnicamente, nadie puede facilitar su consumo.

Gamberros y vándalos. Huevos contra paredes de casas, piedras contra policías, árboles partidos, pintadas…  Y ahora sumamos los irresponsables que propagan el coronavirus y que del mundo taurino sólo conocen lo de ‘saltarse a la torera’ las normas. Menudo panorama. ¿Estamos la mayoría de mortales obligados de soportarlos? Parece que sí. Luego habría otro grupo, los violentos, ladrones, homófogos, machistas, violadores, acosadores, vendedores de droga… Sin embargo, por ahora, los aparco. Voy centrarme en un nivel bastante anterior a los delitos de peso.

Antes de seguir quiero aclarar que en la juventud actual hay tres líneas. Una es la de los ‘malos’, otra por la que van los ‘extras’ (ni fu ni fa) y la tercera es para los ‘buenos’, es decir, los que te alimentan la esperanza de futuro porque son personas responsables y capacitadas para dar la talla en ese mañana. Son casi tantos como los ‘malos’, pero no hacen el mismo ruido. Por fortuna para la humanidad, existen.

Sin embargo, en este artículo me refiero a los ‘malos’ porque son los que dañan la vida de la sociedad en la que están. Es evidente que si rompen propiedades para ellos no es nada malo, son ‘ocurriencias’. Es evidente que si no les dejan ‘botellear’ aquí, lo harán allí, pues es su ‘derecho’. Es evidente que si transmiten el virus, aunque contagien a sus padres o abuelos, ellos no sienten cargo en conciencia. Tampoco si con su actitud generan cierre de locales hosteleros. Es igual, no se sienten responsables. Es más, si atropellas a alguien con el patinete, te vas cuando la mujer todavía está en el suelo (así lo presencié esta semana). ¿Quién dijo culpa?

Toda la vida han existido jóvenes y actitudes rebeldes, pero veo que la situación se ha agravado. No es lo mismo ser rebelde que un irresponsable que daña a inocentes. No es lo mismo. También creo que se ha llegado a este punto por culpa de muchos, principalmente los padres (son los que educan, pues los profesores lo que hacen es facilitar conocimientos) que no han sabido formar personas, siendo en ocasiones los mejores escudos cuando sus hijos no se comportan. Y también son responsables los que legislan. Muchos menores se siente que están ‘inmunizados’ por la ‘justicia’ contra la responsabilidad por acciones delictivas, con lo que se les ha facilitado vía libre. También tenemos un sistema educativo que cada vez obliga menos, lo que va minando la responsabilidad. Si sin estudiar pasas de curso, ¿para qué vas a hacerlo? También están ‘inmunizados’ contra el suspenso.

Y, por supuesto, señalo a tanta campaña pedagógica llevada a cabo en centros docentes. ¿Alguien se siente responsable de que los actuales gamberros y vándalos hayan surgido de la época en que proliferaban tanta campaña? Son políticos, por lo que ‘no se miran el ombligo’.  Luego tratarán de aparentar su inocencia lanzando mensajes por medios de comunicación y por redes sociales. Está claro que esos mensajes llegan sólo a los que ya de por sí son responsables. A ‘ellos’, nada de nada. Siguen en su mundo.

Podría decir mucho más, al igual que podrían hacerlo miles de personas. No estamos en una territorio en guerra, en absoluto, pero sí estamos sufriendo la incidencia de un sector de la juventud, el sector más dañino. ¿Puede estar la solución en una ‘mano más dura’? Mientras no me demuestren otra fórmula efectiva a corto plazo, ¿por qué no voy a pensarlo? Eso de conceder un premio por un buen hecho y aplicar un castigo por un mal hecho es tan antiguo como el pelo sin mechas. Los que cobran (y mucho) por gobernarnos son los que tienen que defender ‘a los ciudadanos de bien’ de ‘ellos’, pero la primera línea en este frente son los padres. Aunque les resulte molesto, también les ha llegado la hora de actuar por el bien de todos, incluidos sus hijos.

Sin embargo, lo mismo resulta que estoy equivocado, que son jóvenes y que todo lo que hagan hay que asumirlo. En ese caso todo estaría ‘ferpecto’ y lo que he dicho está de más. 

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